Unos
años después de la batalla de las Navas de Tolosa, el nuevo rey de
Castilla Fernando III inició la conquista del valle del Guadalquivir
aprovechando la debilidad y los enfrentamientos internos entre los
almohades. Fernando III inicia conversaciones con Al-Bayyasí (El
Baezano), que controlaba Baeza y parte del territorio jiennense, y está
enfrentado al nuevo califa. Fernando III firma un pacto con el rebelde
Al-Bayyasí, el Pacto de las Navas, que le obliga a entregar diversas
localidades a cambio de la ayuda del monarca cristiano contra sus
enemigos. Al final Al-Bayyasí entrega a Fernando III, en cumplimiento
del pacto, Martos y Andujar, con lo cual establecía una sólida
penetración en el valle del Guadalquivir.
La localidad fue entregada por Fernando III a la Orden de Calatrava en 1228, estableciendo en 1251 por un lado los límites del territorio con Jaén y Locubín, y por otro con Arjona y Porcuna. La entrega de Martos a la Orden de Calatrava tenía como objetivo que ésta se ocupara de defender la franja de territorio situada entre Jaén y el sur de Córdoba, antes de la conquista de estas tierras, contribuyendo a aislar Jaén. En 1244 los gazules intentaron recuperar Martos, pero serían derrotados por los caballeros de la Orden de Calatrava, que posteriormente la convertirían en el centro de sus operaciones contra el reino de Granada. De este modo, la Orden de Calatrava adquirió un extenso dominio situado en el extremo suroeste de lo que actualmente es la provincia de Jaén, controlando amplios territorios de la campiña y del piedemonte de la sierra Sur. Desde sus dominios ejercían un exhaustivo control de las principales vías de comunicación que unían Jaén con Córdoba y Granada, al tiempo que controlaban militarmente la delicada frontera, así como de todos aquellos puntos que permiten vadear las cuencas de agua más importantes que discurren por el territorio. Para ejercer este control se construyeron numerosas atalayas, torres y castillos rurales edificados con el fin de crear una sólida barrera defensiva-ofensiva que cerrara por completo el acceso al centro de sus posesiones en el antiguo reino de Jaén, emplazado en la inexpugnable fortaleza de Martos. Para conseguir este objetivo se dividió el territorio en encomiendas, a la cabeza de las cuales se situaban los núcleos de población más importantes, que en general coinciden con los antiguos Hisn islámicos. Al ser Martos ciudad fronteriza y adelantada, y ante el gran cometido estratégico que recaía sobre ésta, la Orden de Calatrava manda acometer obras de refuerzo en la fortaleza de la Peña, dotándola de un importante y complejo equipamiento: capilla, aljibe, molino, horno, lagar... Así mismo, en el siglo XIV se consolida y amplía la fortaleza baja de la ciudad, construyéndose en este momento la gran torre del Homenaje y la Iglesia de Santa Catalina. Por otro lado, los calatravos establecen una red de torres vigías con las que dominar el territorio circundante, se refuerza el castillo de Víboras y se construyeron otros como el de Torredonjimeno. La ciudad cristiana cambia su ordenación y son las parroquias, que dividen a la población en collaciones o barrios, los centros que reorganizan el espacio. En el siglo XIII se edificaron en Martos dos templos que focalizarían la vida de la ciudad, por su prestigio religioso y su valor estético. En el punto más alto y visible se levantó la Iglesia de Nuestra Señora de la Villa, como manifiesto del triunfo de la fe cristiana; y en el centro de la ciudad, en el espacio ocupado por la mezquita aljama, se construyó la Iglesia Mayor o de Santa Marta, consagrada a la patrona de la villa, convirtiéndose este lugar también en el centro de la vida económica, social y política, al establecerse aquí el mercado y el cabildo. El entramado de calles se amplía a partir del centro neurálgico que es la plaza de Santa Marta, creándose nuevos barrios y consolidándose los arrabales que se habían formado en la parte norte de la ciudad junto a la Puerta del Sol, Puerta de Jaén y Portillo, Arco Ventosilla, calle San Bartolomé... Así mismo, se construyen gran cantidad de ermitas que, junto con las parroquias serán un punto importante de la expansión y vertebración de la ciudad. Así tenemos noticias de la existencia de la iglesia de San Amador y de las ermitas de San Pedro, Santo Nicasio, Santa Bárbara, San Cayetano, San Bartolomé, San Miguel, San Sebastián, San Juan y Santa Catalina. El año 1489 significó para la villa de Martos el final de una larga etapa como cabeza de la Orden de Calatrava. La muerte del que fuera último Maestre de la Orden propició que la administración del Maestrazgo pasara al rey Fernando el Católico por Breve de su Santidad Inocencio VIII. Comenzó una etapa de estabilidad institucional y expansión económica para la villa que se tradujo, en primer lugar, en un notable aumento de la población, por un lado por la llegada de colonos castellanos atraídos por las posibilidades agropecuarias de la zona y la llegada de población morisca vencida en la Alpujarra y que fue repartida por distintas comarcas andaluzas. |
martes, 22 de abril de 2014
La conquista cristiana
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