El reino de Jaén fue una jurisdicción territorial o
provincia de la Corona de Castilla desde
la reconquista hasta la división territorial de España
en 1833.ctual provincia de Jaén y fue uno de los cuatro reinos de Andalucía. Las
localidades que lo componían según el Catastro de Ensenada pueden verse en el anexo Localidades del Reino de Jaén.
Tras
la reconquista del territorio, la primera idea de la monarquía castellana fue
crear un reino en torno a Baeza, lo
que hubiera dado continuidad a la Taifa
de Baeza y
hubiera servido para restaurar la desaparecida diócesis de Cástulo-Baeza. Sin embargo, finalmente se
eligió Jaén, que anteriormente había sido capital de la Taifa
de Jaén. Los principales concejos del reino de Jaén fueron Andújar, Úbeda,
Baeza, Martos, Cazorla y Alcalá
la Real.
Desde
el punto de vista jurisdiccional el territorio del reino de Jaén era tanto realengo como señorial,
existiendo en él señoríos tanto laicos como eclesiásticos. Entre los primeros
se encontraban los territorios de la Casa de Santisteban del Puerto, la Casa de Alburquerque, la Casa de
los Cobos y de la Casa de
Arcos. Entre los segundos estaban el Adelantamiento de Cazorla y la Encomienda de Martos,
propiedad del Obispado de Toledo y de la Orden de Calatrava respectivamente,
así como Albanchez, de la Orden
de Santiago.
El
Reino de Jaén poseía dos exclaves territoriales situados en el Reino de Córdoba, que
eran Belmez y Villafranca de Córdoba. Por el contrario, el Reino de Granada tenía un enclave en el Reino de Jaén,
formado por Bélmez de la Moraleda y Solera.
El 10 de
octubre de 1444
el futuro Enrique IV de Castilla, por entonces príncipe de Asturias, se convirtió en el primer y
único príncipe de Jaén.
En
el siglo
XVIII en
territorios del reino de Jaén se fundaron las Nuevas Poblaciones de
Sierra Morena, mientras que en los reinos de Córdoba y Sevilla se crearon las
de Andalucía.
En 1833, tras
587 años de existencia, el Real Decreto de 30 de noviembre suprimió el reino de Jaén, creándose la
actual provincia de Jaén, que
se formó uniendo las localidades del reino homónimo, algunas localidades del reino de Murcia, y dos
poblaciones que hasta entonces pertenecían a La
Mancha: Beas de Segura y Chiclana de Segura. Los lugares del reino de
Murcia que se incorporaron a Jaén fueron Benatae, Génave, Orcera, Santiago de la Espada, Segura de la Sierra (con
los agregados de La Puerta y de Bujaraiza), Siles, Torres y Villarrodrigo. Además, la nueva provincia
incorporó los dos exclaves del reino de Granada que existían en el reino de
Jaén: Bélmez de la Moraleda y Solera, que era un municipio
independiente (hoy integrado en el de Huelma). Actualmente la provincia está compuesta por los
municipios que pueden verse en el anexo Municipios de la
provincia de Jaén.
La huella cristiana
Merced a su creciente importancia en los años siguientes, Xauen retomó
el papel de cabeza del reino provincial que había ostentado Baeza en
el ámbito político y religioso. Hasta la conquista de Granada, Jaén jugó un
papel importantísimo en la lucha con los musulmanes del sur. De
hecho, sufrió varios intentos de asalto y dos saqueos importantes, uno en el
año 1300 y otro en 1368. Tal fue la importancia de la plaza
jiennense, que el rey, Enrique II de Castilla otorga a Jaén el título
de: «Muy noble y muy leal, guarda y defendimiento de los reinos de Castilla»,
dotándola a su vez de un Concejo propio y Cabildo, privilegios que se
verían acrecentados con la llegada a Jaén del Privado del rey Enrique IV,
el Condestable Miguel Lucas de Iranzo, al cual están dedicadas las fiestas
patronales de la ciudad. La abundancia de agua propicia una rica agricultura y
ganadería. La ciudad es una de las 18 que tienen representación en Cortes y se
beneficia de sus privilegios reales. El Cabildo Catedralicio gozaría de enorme
poder y en esta época se iniciaría la reconstrucción de la Catedral.
Conquistada Granada en 1492, Jaén cae en un lento y paulatino declive,
del que intenta recuperarse en el Siglo XVII en que en la ciudad se
crea un potente gremio de artesanos que favorecieron el comercio interior y
exterior. Jugó un papel importante en el plano cultural, social y militar en la
conquista y asentamiento en la América hispana.
El siglo XVII arranca con una profunda crisis, fruto de las malas
cosechas, epidemias y la política de los Austrias, de continuas levas e
impuestos. La ciudad perdería población progresivamente y se empobrecería, lo
que supondría el deterioro de los barrios más antiguos. Esta crisis se
mantendría prácticamente hasta el siglo XX.
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